
El 9 de enero hablábamos en Sandia y otros programas de Concierto sobre
Gabriela Mistral y lo que le costó SER en su propio pais. Pensar lo que ella quería pensar, imaginar una nueva educación para los colegios del país, leer a autores liberales y agnósticos, ser una profesora distinta, solitaria que demuestra su profesion en la sala de clases y no según los amigos que tenga. A Gabriela le hicieron la cruz mucho antes del polémico Premio Nobel antes del Premio Nacional de Literatura. En las escuelas donde se fue enviada (Pedro Aguirre Cerda admiraba su planteamiento sobre eduación) sus colegas la pelaban por ser bastante antisocial, por no ser "del grupo", de "la onda" de la ciudad de turno. Llegaron desde Mexico a buscarla para que trabajara allá el concepto de escuela-granja. Allá pudo Ser, en Europa pudo Ser, hasta en Argentina y Estados Unidos. Sin que la pelaran, la deajron en paz.
Hoy, casi un mes después nos acordamos de
Violeta Parra 40 años después de su muerte. Nos sorprende que haya sido la primera latinoamericana en exponer en el Louvre, nos entusiasman los homenajes que le han hecho músicos extranjeros y nos damos cuenta que parte de su pena estuvo en que vivó un país que no le siguió el ritmo. "Que lejos está mi Chile", cantaba. Violeta se fue a Europa, edito canciones del campo chileno -investigadas, estudiadas a instancias de su hermano Nicanor- , grabó en Francia, en Suiza, entro otros paises. Pudo ser en la música, en el arte, como mujer artista completa. De vuelta en Chile la soledad, la melancolía, la pena, la carpa de La Reina. Y tratamos de entender por qué se fue a los cielos, como dice su hijo Angel. Aun lo seguimos haciendo.